BOLAÑO, NIETO DE KAFKA

 Aunque en el cuento “El policia de las ratas”, el personaje principal -el policia- sea uno de los sobrinos de Josefina la cantora, podemos afirmar que Bolaño se declaró, siguiendo la línea sucesoria del cuento de Kafka, ”Josefina, la cantora, o el pueblo de los ratones”, nieto del escritor praguense. Y es que, a decir verdad, no hay cosa más importante en la literatura que esto de tener padres, abuelos y toda una serie de familiares literarios que, directa o indirectamente, te hayan enriquecido con su influencia.

Quisiera recalcar el verbo “enriquecer” y dejar claro que, al contrario de lo que muchos afirman en un intento de defender su carencia de lecturas, la influencia de otro escritor no contamina, sino “enriquece”. ¿Quién se atrevería a decir lo contrario? Yo, valiente de mí, me atrevo a decir -y digo- que cualquiera que esgrima el argumento del escritor ecologista no sólo está cayendo en una falacia, sino que está pecando de arrogancia. Si, en vez de creernos ríos impolutos y llenos de sabiduría, nos miráramos desde una perspectiva de pájaro y viéramos la urgente necesidad de forestar nuestros yermos entendimientos, nos lo pensaríamos dos veces antes de atormentar al mundo con nuestros escritos.

Esta verdadera sapiencia se puede resumir en dos sentencias breves: nada hay mejor para un escritor que leer; nada hay peor para una persona que atormentar al mundo. De modo que, si leemos, no sólo podemos llegar a ser escritores decentes -aquí entraría también la variable del talento-, sino también buenas personas; personas con perspectiva que saben cuándo uno de sus textos ha de ser quemado, personas incendiarias. Los mejores escritores -si es que los queremos imitar-, fueron, de hecho, personas incendiarias. Kafka le pidió a su amigo Max Brod que quemara toda su obra, Cela echó el manuscrito de La colmena al fuego -su mujer, por suerte para todos, lo salvó-, y Cortázar también rindió homenaje a algunas de sus obras en la hoguera.

¿Qué es, además, un escritor que no ama la literatura? Nada, o, a lo sumo, un farsante. Bolaño, con su particular ingenio y sentido del humor, dejo constancia de este hecho. Un escritor tiene que tener padres, abuelos, bisabuelos y tatarabuelos -se llamen Kafka o Virgilio- que conformen su familia literaria, a diferencia de la biológica. Porque, para una buena persona, ¿qué hay más importante que la familia? Y, para un buen escritor, ¿qué más importante que la literatura? La respuesta, seguramente, la podremos encontrar en algún libro.

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